Necesidades de Nutrientes y Alimentacion del Deportista

La alimentación del deportista, como en cualquier otra persona, debe realizarse atendiendo a sus necesidades nutricionales. Estas necesidades están en relación con una triple función que cumplen dichos nutrientes: por un parte, la energética, es decir la de proporcionar la energía necesaria para poder realizar todas las funciones orgánicas y más específicamente, en este caso, el movimiento voluntario y los procesos termoreguladores; por otra parte, la reguladora, es decir la que permite mantener una adecuado metabolismo energético y un compensado estado de equilibrio anabólico – catabólico, principalmente a nivel muscular; y por último, la función plástica o estructural, gracias a la cual cada deportista va a intentar mantener aquella composición corporal que le es más favorable para conseguir el rendimiento esperado (por ejemplo, bajo peso corporal en especialidades de larga duración y gran volumen muscular en deportes que requieren una gran aplicación de fuerza máxima). En conjunto y como idea inicial que expusimos en la obra citada, si bien es patente que una subalimentación provoca una merma en la capacidad de esfuerzo físico de cualquier persona, como hemos podido comprobar en un trabajo realizado sometiendo a un grupo de sujetos a tres días de ayuno (Gutiérrez y cols., 2001), no está totalmente aclarado si un incremento en el aporte de algunos alimentos mejora dicha capacidad, por cualesquiera de las funciones mencionadas. Como norma general, cabe decir que una dieta sana y equilibrada puede cubrir perfectamente todos los requerimientos del deportista, por lo cual los aportes extras de sustancias consideradas como mágicas carecen de significación. En concreto, Burke y Read (1993) indican que las recomendaciones de ingesta de vitaminas y minerales no se ha comprobado que deban incrementarse en el deportista, salvo aquellas que se suministran en relación con el total de calorías consumidas (póngase por caso las vitaminas del complejo B). Tan sólo en ciertas condiciones, serán necesarios aportes específicos por encima de los requerimientos normales (Delgado y cols, 1997; 229), como se expondrá posteriormente.

De forma somera, la alimentación del deportista debe ser:

- equilibrada energéticamente pero rica en carbohidratos complejos.

- rica en proteínas de alto valor biológico.

- adecuada en ácidos grasos esenciales.

- suficiente en vitaminas, minerales, agua y fibra.

El equilibrio energético que requiere la alimentación de cualquier individuo se debe a la necesidad de mantener un adecuado peso y una adecuada composición corporal; en el alto rendimiento deportivo estos factores condicionan mucho el resultado. El deportista, dado su mayor gasto energético se encuentra con la ventaja de poder y deber consumir más alimentos, con el fin de compensar dicho gasto con el aporte. Este incremento de alimentos hace menos probable la aparición de déficits nutricionales, si la dieta esta bien compensada, ya que los requerimientos de la mayor parte de los nutrientes son relativamente independiente del nivel de actividad física del individuo. Así, cuanto menos activa sea la persona menos aporte energético necesitará y, en consecuencia, mayor ha de ser el contenido de nutrientes esenciales por unidad de energía. En consecuencia el aporte de algunos nutrientes puede quedar deficitario con más facilidad que el de un deportista, sino realiza una dieta muy bien equilibrada (Astrand, 1986). En el mismo sentido se encuentran los deportistas, fundamentalmente de sexo femenino, que realizan dietas hipocalóricas por necesidades de sus especialidades deportivas, siendo considerado este grupo de alto riesgo nutricional y psicológico (Thompson y Trattner, 1993). Estudios muy recientes siguen confirmando dicho fenómeno (Berry y Howe, 2000; Brooks y cols, 2000; Deutz y cols, 2000), máxime cuando se dan en deportistas en edad de desarrollo, como ocurre con las gimnastas (Weinann y cols, 2000).

De este aporte energético se recomienda que la mayor parte se realice en forma de carbohidratos, dado que estos macronutrientes son sustancias que aportan energía que puede ser rápidamente utilizada para compensar el gasto ocasionado por la actividad física. Se aconseja que los carbohidratos ingeridos sean complejos, porque ayudan a mantener de forma más constante los niveles de glucosa sanguínea, además de porque son más beneficiosos para la salud que los azúcares simples.

Por otra parte, la alimentación del deportista debe ser rica en proteínas de alto valor biológico principalmente por dos razones. La primera debida a la regeneración que hay que realizar de aquellos tejidos destruidos por la realiza-ción de actividad física, y la segunda dada la importancia de los amino-ácidos esenciales para la regulación y funcionamiento orgánico, tanto de manera directa, como por formar parte de diferentes sustancias encargadas de dichas funciones, como por ejemplo los enzimas. En sentido similar, la necesidad de ácidos grasos esenciales se basa en su importancia para los procesos de construcción orgánica y de regulación funcional.

En último lugar, el aporte de vitaminas y minerales se fundamenta en el importante papel estructural y funcional, principalmente a nivel metabólico; el de agua, dado que la misma es el medio donde se desarrollan todas las reacciones físico-químicas y como elemento estructural del organismo, así como para evitar problemas de termoregulación; y, para finalizar, el aporte de fibra es imprescindible para un correcto tránsito intestinal de los alimentos por el intestino, permitiendo la adecuada eliminación de los productos de desecho, ayudando a los procesos de desintoxicación orgánica y, por tanto, de recuperación.



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