Introducción

¿Cuál es la diferencia entre hacer largos o tramos en una piscina y entrenarse? Si la diferencia no es mucha, ¿por qué no nadar sin más?
Nadar implica cierto número de funciones: placer, salud y fitness y seguridad personal —todas ellas vinculadas entre sí—. Si se nada por placer, inevitablemente se logra mejorar la forma fisica, por poco que sea. Si se nada por motivos de salud, se mejora sensiblemente la forma. Si se nada para mantenerse en forma, se obtiene placer y se beneficia a la salud. Si se nada para lograr más seguridad en el agua, las otras tres funciones se ven afectadas.
Uno de los principales beneficios del entrenamiento es, sin embargo, que proporciona estructura a la natación. Esa estructura genera variedad y permite planificar la natación de manera que se obtiene el máximo provecho de cada una de las sesiones realizadas en el año. Además, un programa de entrenamiento bien diseñado contribuye a asegurarse de que se está haciendo lo más beneficioso en los momentos más indicados del año y también dentro de cada sesión de entrenamiento, alcanzándose de este modo los objetivos y resultados apetecidos.
¿Cuáles deben ser entonces los objetivos, base del programa de entrenamiento? Cada nadador puede tener sus propias metas de fitness y entrenamiento. Si lo que se pretende es mejorar la salud y el físico en general, el programa de entrenamiento será muy distinto del de alguien que se esté entrenando para unas Olimpiadas.

La natación como medio de mejorar la forma física


La natación es el medio perfecto para mejorar la forma física. Se desarrolla en un ambiente cálido y acogedor, lo que no es frecuente en la mayoría de los deportes para adultos. Como el cuerpo se encuentra bajo la superfície del agua, se eliminan los complejos de tamaños y formas y así las personas con sobrepeso no se inhiben de practicar la natación. Por otra parte, el soporte que ofrece el agua mientras se realizan los ejercicios convierte a la natación en una forma partícularmente beneficiosa de entrenamiento para muchos grupos de personas a los que las actividades en tíerra resultan menos atractivas o incluso imposibles. En resumen, apenas existen barreras a la natación.

Empezar con la adecuada motivación


No es fácil obligarse, pero eso es lo que requiere cualquier programa de puesta en forma. En las sesiones iniciales se traba conocimiento con el agua, y se pueden hacer las distancias a un ritmo muy cómodo, pero luego hay que salir de esa zona de comodidad y aquí es donde el programa de fitness se hace más duro, tanto física como psicológicamente.
En este punto surgen las inevitables dudas: "¿Por qué estoy yo haciendo esto? Después de todo quizá no sea tan buena idea. La verdad es que prefiero escuchar música o leer —son aficiones que exigen menos tiempo—. ¿Podré seguir con esto?". Ante esta situación, lo mejor es empezar en la forma en que se piensa continuar. Hay que ser realista, ponerse metas razonables antes de acudir a la piscina, y luego mantenerlas. Si se fija media hora para cada sesión, hay que nadar media hora ¡y no 20 minutos! Para salir de la zona de comodidad hay que avanzar poco a poco e incrementar el trabajo lentamente; con el tiempo, los esfuerzos se hacen más llevaderos conforme se adquiere mejor forma física y el cuerpo se acostumbra al aumento de ejercicio.

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