Función de los lípidos en el entrenamiento

Los lípidos, en forma de grasas neutras o triglicéridos, son el componente fundamental del tejido adiposo y pueden llegar a suponer más del 10% del peso corporal de la persona, lo que supone el reservorio fundamental de energía.

El aporte de lípidos en la dieta debe suponer aproximadamente un 25% del total de energía ingerida, disminuyendo de forma evidente en los momentos previos a la competición y llegando a ser nulo durante la misma, como se aprecia en las tablas 8.1.a y b. La ingesta de este grupo de nutrientes siempre estará supeditada a la del resto de los macronutrientes previamente referidos. En general, el consumo real suele estar por encima del recomendado, como lo indican los valores del 40% en varones o 38% en mujeres de deportes aeróbicos, o los aún más elevados del 47% en varones de deportes anaeróbicos. Respecto al total de grasas consumidas se aconseja una distribución que favorezca el aporte de grasas insaturadas, generalmente vegetales, sobre las saturadas, fundamentalmente animales. Así, se establece que cada tipo de grasa (saturada, monoinsaturada y poliinsaturada) debe suponer un tercio del total. En cualquier caso, las grasas saturadas no deben suponer más del 10% del total de energía consumida. Lógicamente, este porcentaje debe descender cuando la dieta es hipercalórica, como en el caso de personas deportistas, dado que el mayor aporte de energía debe provenir de carbohidratos complejos. Sin embargo, algunos autores, dada la dificultad de poder consumir tanta cantidad de carbohidratos (hasta 800 gr) y las posibles molestias gastro-intestinales que pueden ocasionarse, aconsejan incrementar también el consumo de grasas de tipo insaturado, o alternativamente aumentar el aporte de bebidas que contengan carbohidratos.

Los ácidos grasos son el combustible fundamental para el funcionamiento del organismo en casi todas las actividades que se realizan sin requerir una alta intensidad de trabajo (menor al 60% del VO2 max). Así, los ácidos grasos aportan casi toda la energía en las situaciones de reposo y cuando la intensidad de trabajo es relativamente moderada. Esta energía proviene de los ácidos grasos libres y de los triglicéridos de reserva que se encuentran fundamentalmente en el tejido adiposo. Aunque la concentración sanguínea de ácidos grasos libres es 10 veces menor que la de glucosa, los primeros pueden proporcionar más energía porque se transportan hasta 40 veces más rápido a través de la membrana celular y producen tres veces más energía por unidad de peso (Mcardle y cols, 1990).

Se ha mostrado que la ingesta de una comida no excesiva pero rica en grasas antes del entrenamiento o la competición tiene un efecto ahorrador del glucógeno muscular, fenómeno interesante para retrasar la aparición de fatiga (Fox, 1980). Sin embargo, esta manipulación dietética tiene dos efectos negativos: el primero, se centra en la necesidad de inyectar heparina para desdoblar los triglicéridos a ácidos grasos, proceso que debe ser considerado doping, y el segundo indica la posibilidad de malestar digestivo por la mala digestibilidad que tienen las grasas, lo que puede conllevar una merma del rendimiento. Estudios como el de Brown y cols (2000) analizan el beneficio de enriquecer la dieta con carbohidratos o grasas en ciclistas.

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