Función de las sales minerales y vitaminas en el rendimiento físico-deportivo y el entrenamiento.

Como se aprecia en las tablas iniciales de este capítulo, el consumo de algunos minerales y vitaminas se presentan deficitarias en los deportistas de élite, lo cual ha sido confirmado en otras revisiones (Burje y Read, 1993; Mataix, 1992; Konopka, 1988; Riche, 2000) o en estudios de poblaciones deportivas concretas (véase Beshgetoor y cols, 2000; García Roves y cols, 2000; Malczewska y cols, 2000),coincidiendo en gran medida con los propios déficits que se aprecian en la población adulta no deportista. Entre ellos merecen ser destacados el hierro (Fe), el calcio (Ca), el magnesio (Mg), el zinc (Zn) y el complejo vitamínico B, siendo aún más patentes en mujeres, máxime cuando se hace referencia a deportes donde el consumo calórico es bajo o muy bajo (Delgado, 1998). Por estas razones se podría considerar estas insuficiencias como un verdadero talón de Aquiles en la alimentación del deportista, dado que aunque las mismas no juegan un papel fundamental en el aporte energético requerido en la realización del esfuerzo físico, tienen funciones reguladoras muy importante a nivel metabólico (entre otras) que pueden limitar de manera evidente el rendimiento físico-deportivo y, por tanto, la posibilidad de desarrollar adecuadamente el proceso de entrenamiento.

Ambos tipos de nutrientes se aportan de manera adecuada si se realiza una dieta equilibrada desde los puntos de vista cuantitativo y cualitativo, por lo que el aporte suplementario no es necesario. No obstante, en el ámbito deportivo, al igual que ocurre para la población general, el aporte de Fe, Ca, Mg, Zn y vit B puede ser insuficiente, como se acaba de referir. Por esta razón es frecuente que se recomiende suplementación en forma de complejos multivitamínicos/mineral en deportistas de élite, como exponen Burke y Read (1993), Economos y cols (1993), González y Villa (1998), Williams (1995; 1998) o Wolinsky e Hickson (1994), entre otros. En cualquier caso, la ingesta indiscriminada de compuestos ricos en minerales y vitaminas nunca ocasionará un aumento del rendimiento deportivo si no existe un estado deficitario grave previamente, pudiendo presentar por el contrario efectos negativos relacionados fundamentalmente con el desequilibrio electrolítico que producen.

En lo referente a los minerales, como indica Odriozola (1988), recogido por nosotros (ob.cit. 245), la pérdida de sales por sudor es, en términos relativos, menos importante que la de agua. De hecho, el sudor es hipotónico respecto al plasma sanguíneo. No obstante, la concentración de potasio y magnesio en sudor es similar a la del plasma, con lo que también en términos relativos las pérdidas de estos dos iones son mayores que las de otros. De hecho un déficit de sodio, cloro o calcio por pérdidas en sudor son difíciles de encontrar. El tipo de dieta, con su contenido en sales, y el ambiente externo son los dos factores que más influyen en la pérdida de sales. La duración del esfuerzo también condiciona esta pérdida. A partir de la primera media hora de actividad física hay un aumento de pérdida de cloro y sodio que llega a ser un 50% mayor respecto a la pérdida que existía al inicio de la actividad. Con posterioridad esta pérdida disminuye progresivamente. Por el contrario, las pérdidas de potasio, magnesio y calcio aumentan paulatinamente con la cantidad de ejercicio realizado. Ni siquiera con actividades de larga duración, en clima caluroso o con bastante humedad, o en altitud, será necesario ingerir sal (sobre todo en forma de tabletas) (Bucci, 1994). Al contrario, la ingesta de sal durante la actividad física puede alterar negativamente el equilibrio osmótico de los líquidos corporales y el grado de hidratación celular. Además, los sujetos entrenados tienden a tener un sudor más hipotónico, lo que todavía hace menos necesario la ingesta de sales.

Veamos algunas características de los minerales potencialmente deficitarios, ampliando el contenido expuesto en el capítulo 7.

El hierro siendo el mineral más deficitario en la dieta de la población en general, aparece también en primer lugar en la alimentación deportiva y siempre con más asiduidad en la mujer que en el hombre. Este déficit, concretándose en anemia ferropénica, se convierte en un factor limitante del rendimiento (Hinton y cols, 2000). No obstante, hay que diferenciar lo que es una verdadera anemia de la pseudoanemia que presentan algunos deportistas (Newhouse y Clement, 1988). Esta última se produce por un aumento transitorio de volumen plasmático ligado a la propia actividad física, principalmente en deportistas de endurance y mujeres. El deportista al aumentar la cantidad de sangre circulante origina una hemodilución de los componentes plasmáticos, entre los que se encuentran los glóbulos rojos y la hemoglobina. Estos valores pueden ser bajos en un deportista y no tienen por qué significar anemia. En estos casos es necesario realizar análisis de otros compuestos del metabolismo del hierro, como son la transferrina y la ferritina sérica. Si estas sustancias también dieran valores bajos sí que nos encontraríamos ante un verdadero cuadro de anemia. Entre los factores que contribuyen a la aparición de esta anemia, en la persona físicamente activa, están una alimentación insuficiente en Fe, el aumento de la destrucción de glóbulos rojos (ligado a la gran cantidad de microtraumatismos que ocasiona el ejercicio físico), el aumento de las pérdidas de hierro por sudor (0,3 mg), orina y heces (hasta 2 mg), o los mayores requerimientos por parte de diversas proteínas (enzimas, hemoglobina y mioglobina) con gran funcionalidad durante la realización de esfuerzo físico (Delgado y cols, 1997).

El calcio es el segundo mineral más deficitario en la dieta deportiva, siendo más frecuente dicho fenómeno en mujeres que en hombres, hasta tal punto de estar suficientemente descrito las relaciones existentes entre amenorrea, baja densidad mineral ósea y incremento del riesgo por facturas de estrés en deportistas femeninas (Beshgetoor y cols, 2000; Higher, 1989). Por esta razón, la ingesta para la mujer es superior a la del hombre (1200 a 1500 mg frente a 800 mg) a partir de la pubertad, y más aún si la adolescente realiza entrenamiento intenso. Dado que el contenido de mineral óseo en la época prepuberal es determinante del que se tiene con posterioridad y por tanto indicativo de la resistencia ósea a la desmineralización, es tremendamente importante evitar estos estados deficitarios en dichas etapas, cuidando la ingesta de dicho nutriente y evitando el entrenamiento intensivo. En otro sentido, las pérdidas fisiológicas de mineral óseo se producen en la mujer durante la gestación, lactancia y en la menopausia. En las dos primeras circunstancias por aumento del gasto y en la menopausia por la falta de estrógenos. De hecho, los estrógenos diminuyen la pérdida de mineral óseo y ayudan a su reabsorción. En la mujer, el entrenamiento intenso puede producir amenorrea hipoestrogénica, con la consiguiente pérdida de mineral óseo y mayor riesgo de fracturas. En este caso es necesario garantizar un buen aporte de calcio dietético y en los casos más graves proceder a una suplementación de estrógenos, calcitonina y vitamina D. En cualquier caso no se conoce la función de la suplementación de calcio en la prevención y tratamiento de la osteopenia/osteoporosis (Higher, 1990) y, por tanto, no se debe recomendar una suplementación rutinaria del mismo. En otro sentido, el ejercicio físico en sí mismo aumenta la densidad ósea (Beshgetoor y cols, 2000).

Respecto a las vitaminas, la influencia en el rendimiento físico-deportivo se centra en las de tipo hidrosolubles, tal y como se puede expuso en el capítulo precedente y se puede apreciar en la Tabla III.

Tabla III. Vitaminas y sus funciones en el metabolismo del ejercicio.

VITAMINAS

INGESTA DIARIA RECOMENDADAa

PRINCIPALES FUNCIONES FISIOLÓGICAS EN EL EJERCICIO

Vit A (retinol)

Vit B1 (tiamina)

Vit B2 (riboflavina)

Vit B3 (niacina)

Vit B6 (piridoxina)

Folato

Acido pantoténico

Biotina

Vit B12 (cianocobalamina)

Vit C (ácido ascórbico)

Vit D

Vit E (alfa-tocoferol)

Vit K

750ng/día

0.1 mg/MJ energía diaria

0,15 mg/MJ energía diaria

1,8 mg/MJ energía diaria

0,02 mg/g proteína dietética

200 ng/día

No RDA

No RDA

2.0 ng/día

30 mg/día mujeres

40 mg/día hombres

No RDA

7 mg/día mujeres

10 mg/día hombres

No RDA

Metabolismo carbohidratos (TPP)

Transporte de electrones (FAD)

Síntesis de ATP (NAD)

Síntesis de lípidos (NADP)

Síntesis de amino-ácidos y glucógeno

Síntesis de glóbulos rojos

Oxidación de ácidos grasos/piruvato (COA)

Síntesis de ácidos grasos (carboxilasas) y glucógeno

Síntesis de glóbulos rojos

Síntesis de colágeno

Antioxidante

Metabolismo del calcio

Antioxidante

a. Adaptado de National Health and Medical Research Council (1991)

Abreviaturas: RDA = ingesta dietética recomendada; ng = nanogramos

Tomado de Burke, L.M., Read, R.S.D. 1993. Dietary supplements in sport. Sports Medicine, 15-1; 43-65. Pg 55.

En general no se ha evidenciado que la administración de suplementos de vitaminas conlleven a modificaciones en el estado bioquímico del deportista y, por tanto, o bien a un incremento del rendimiento (Read y Burke , 1993; Williams, 1995, 1998) o bien a una mejor recuperación post-esfuerzo (función analéptica), salvo excepciones como las verificadas para la riboflavina en mujeres jovenes (Belko y cols, 1983). Sin embargo, sí es cierto que la carencia de alguna de ellas origina disminución del rendimiento físico-deportivo, dada las funciones previamente expuestas, como son el caso de las vitaminas B1 y C, y en menor medida por la de riboflavina, nicotinamida, B6 y B12.

Para terminar este apartado, se debe recordar, que tanto minerales como vitaminas, presentan problemas ligados a su absorción, principalmente en lo que respecta al Fe y Ca, lo cual debe ser tenidos en cuenta al considerar el aporte de los mismos. Póngase por caso como los fitatos afectan a los dos, o los oxalatos y un exceso de grasa en la dieta repercuten en la asimilación del segundo. En sentido contrario, la Vit C mejora la absorción del primero y la Vit D la del segundo.



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